“El amor es fruto maduro de la vida. A los 18 años no se lo conoce, se lo imagina”, decía un autor anónimo. ¿Será realmente así? ¿Cómo vive el adolescente ese sentimiento? ¿Cómo se lo imagina? ¿Es tan trágico como Romeo y Julieta? ¿Es traumático o sublime? La sicóloga Clara Bozzano habla del amor en los tiempos de la adolescencia.
La adolescencia toda está llena de altibajos, inseguridades, riesgos, sueños, pasión, entrega, desconfianza, ingenuidad, rebeldía y por lo tanto el amor no está ajeno a pasar por lo mismo. Tocar el cielo con las manos y al rato sentirse en las oscuridades profundas del infierno, sentir que el mundo desaparece al estar con el/la amado/a, perder la noción de futuro, olvidarse de las diferencias culturales, sociales, raciales y/o familiares, miedos, riesgos, ensoñaciones, soledades, desesperación, angustia y tantas otras emociones y situaciones encontramos relacionadas al enamoramiento adolescente y juvenil. ¡¡Uff! Pero ¡ojo!, el enamoramiento adolescente “no es igual”, “no se parece” al enamoramiento adulto y tiene códigos y manejos diferentes.
Claro que casi siempre, a todos los grandes, parece habérseles olvidado su propia adolescencia, sufren de amnesia en relación a lo que sentían y deseaban. “Ese olvido ayuda a alejar sufrimientos y experiencias dolorosas respecto a las propias sensaciones, sentimientos o dificultades que pudieron haber vivido. Al pasar a la etapa adulta parece que se necesita evitar recordar y más aún sentir respecto a situaciones y cosas tanto de la niñez como de la adolescencia, por lo cual la actitud suele tornarse descalificadora y/o represora hacia las nuevas y jóvenes generaciones”, explica la sicóloga Clara Bozzano.
MEMORIA DE LOS ADULTOS
En este punto, la profesional se anima a recrear la memoria de los y las adultos/as. Lo primero que rescata es el carácter de casi inocencia, despreocupación por el futuro, de cierta ingenuidad que rodea los sentimientos amorosos de los y las adolescentes.
“El enamoramiento se da con toda la fuerza afectiva e instintiva propia de la especie y por lo tanto de la vida misma. La atracción supera las barreras culturales, raciales, familiares y hasta socioeconómicas. Solo les interesa la aceptación y la reciprocidad de la persona ‘amada’. Por eso son capaces de superar muchísimas barreras, obstáculos, prohibiciones y diferencias. El encuentro d e dos enamorados adolescentes se puede convertir en un oasis (creado por el encuentro) en el cual desaparece todo lo ajeno a ese momento, hay magia, hay fuerza, hay esperanzas, hay ganas de seguir vivos, se alimentan ilusiones y se fantasea con un ‘amor eterno’, ‘siempre enamorado’”, asegura Bozzano.
Es por esta misma fuerza que ninguno de ellos puede controlar y, por lo tanto, las dificultades y desavenencias impactan en ellos con una fuerza poco entendida por el entorno.
“Lo negativo y lo positivo van de la mano; por ello pueden sentir que tocan el cielo con las manos o van a las más oscuras profundidades de sus propios infiernos”. Este tipo de enamoramiento tiene su ciclo que, generalmente, se encuentra en la primera etapa de la adolescencia cercana todavía a la pubertad. “A medida que se va avanzando y si esa etapa se la vivió plenamente y con poco traumatismo y contención del medio familiar, el/la adolescente puede seguir transitándolo de tal manera que a toda esa fuerza y carga emocional e instintiva le pueda ir incorporando otros elementos que generalmente van relacionados primero a compatibilidad de gustos, ambientes, cultura...
Solo un tiempo después del enamoramiento inicial, los adolescentes pueden ir evaluando otros aspectos; esto no podrá ser factible si no viven antes toda la fuerza del enamoramiento.
Pasar a etapas de mayor contenido de conciencia se obstaculiza mucho más cuando el o la adolescente siente mucha hostilidad, poca contención, poca aceptación y afecto por parte del medio familiar”.
MADURAR LO ANTES POSIBLE
Esperar que el amor adolescente sea de otra manera y sobre todo apurarlo para que lo antes posible se vuelva “maduro” puede producir los tan temidos efectos y, peor aún, cuando el medio familiar niega la expresión de estos sentimientos. En estos casos lo que se puede lograr es un “estancamiento” en el estilo adolescente de amar como una constante y continua manera de seguir añorando poder vivirlo alguna vez. Cuando esta añoranza se alarga y choca con las edades posteriores (juventud), en donde la elección profesional, el trabajo y otros compromisos golpeen a la puerta es cuando la conducta adolescente de amar corre peligro de cristalizarse, pues ya se hace mucho más difícil poder canalizarlo en las edades posteriores.
Será en las etapas posteriores del desarrollo evolutivo que se podrán ir incorporando los otros aspectos, con mayor conciencia, necesarios para compartir el amor con otra persona. Es importantísimo, por ello, que cada etapa pueda ser vivida lo más plenamente posible a fin de posibilitar que la siguiente etapa pueda aflorar con lo menos de cosas y vivencias pendientes. Lo no vivido se arrastra como fardos pesados que se van sumando a otros.
El amor adolescente suele asustar a los adultos, por su fuerza, su irracionalidad, su entereza, su ausencia de proyectos futuros, pero es así como se presenta y lo más adecuado y favorable es (para los adultos, educadores y padres) ver la mejor manera de acompañar a fin de evitar los daños que se pueden hacer en caso de que queden muy solos o, peor aún, viviendo el romance en la clandestinidad o privándose del mismo.
PROCESO EVOLUTIVO
El proceso evolutivo es eso: UN PROCESO, o sea, cada situación tiene un comienzo y un final que se engancha con el siguiente; o sea, cada vivencia, cada etapa, cada situación es un eslabón hacia la MADUREZ. El/la adolescente necesita explorar, investigar, reconocerse a sí mismo/ a y reconocer el mundo desde sus propias experiencias; si los dejamos solos pueden pagar precios muy altos, hasta la propia vida; y si los atosigamos, los controlamos demasiado, si los asfixiamos, no les permitimos recrear su propia identidad y ver sus propias fortalezas y debilidades, y se convierten en seres inseguros, crueles, dependientes (de personas, de drogas, etc.), estereotipados con vidas emocionales empobrecidas.
Qué adulto no recuerda el frenesí de los años adolescentes y, sin embargo, casi nadie (si lo vivió) desearía volver a esa etapa que también está llena de dudas, inseguridades, riesgos irracionales y, muchas veces, soledades. Las etapas pasan y si las podemos pasar acompañados de personas que confían en nosotros, que nos acompañan a levantarnos y volver a andar, esa etapa, esa adolescencia servirá para crecer y sobre todo, madurar.
Tampoco hay que olvidar que el amor adolescente tiene ingenuidad, fuerza, pasión, premura; es arriesgado, tiene mucha ternura e inyecta a los jóvenes de una energía que les da ganas de seguir vivos o de morir. El amor adolescente es una etapa necesaria que posibilita pasar a maneras y formas de amor más maduros, pero si se las pasa de manera traumática, con poca contención por los adultos significativos (papá, mamá, maestros y profesores), se pueden pagar precios muy altos, a veces hasta la propia vida (Romeo y Julieta) o seguir transitando las siguientes etapas con infinidad de cosas no resueltas, haciendo adultos conflictivos y/o problemáticos.
Del amor adolescente, una vez vivido, se pasa al amor adulto, al amor maduro. Y para finalizar, la sicóloga Bozzano aconseja: “A LA INOCENCIA Y CASI INGENUIDAD DEL AMOR ADOLESCENTE NO PONGAMOS LOS ADULTOS MALDAD; PONGAMOS CUIDADO, AMOR Y ACOMPAÑAMIENTO”.
Fuente:http://fw3.abc.com.py/2007-02-11/articulos/309669/el-amor-en-la-adolescencia
lunes, 21 de junio de 2010
jueves, 10 de junio de 2010
Elegir a uno y atacarlo entre todos, la nueva forma de pelear
Crecen los casos de acoso virtual y de agresión en banda. Hay más participación de mujeres. Y cada vez es más frecuente el “happy slapping”: un grupo le da una paliza a uno solo, lo graba con el celular y lo cuelga en la Web como un video divertido.
PorGisele Sousa Dias
El caso de la “bandita” de adolescentes que mató a piñas y a patadas a un joven en Mercedes, el de la nena de 10 años de Capital a quien le crearon un grupo en Facebook para calificarla de “estúpida” y “malparida”, y el caso de la modelo tucumana que fue atacada por seis chicas a la salida de un boliche, podrían parecer inconexos. Sin embargo, quienes estudian las entrañas de la violencia saben que sus características configuran un perfil que dejó de ser una excepción: líderes que “marcan” a uno –con nombre y apellido o por “villero” o “por linda”–, que será atacado física o virtualmente entre varios; hostigamiento mediante redes sociales y más participación de mujeres y de chicos de primaria.
“Ha habido un gran incremento de formas de violencia que no conocíamos. Antes, las disputas se resolvían ‘uno a uno’ o mi grupo contra tu grupo. Hace tres o cuatro décadas, si varios le pegaban a uno era visto como un acto de tremenda cobardía; incluso pegar patadas, usar palos, cinturones o armas era entendido como una falta de códigos. Hoy, para pelear contra uno me llevo a mi tribu; y las peleas no se producen, como antes, por la conquista de una chica: el ataque es un fin en sí mismo”, describe Héctor Eyzaguirre, vicepresidente del Observatorio Latinoamericano de la Violencia Escolar.
Alejandro Castro Santander, miembro del Observatorio Internacional de Violencia Escolar, con sede en Francia, explica: “La violencia toma del momento lo que tiene a disposición; en este caso está usando con fuerza las nuevas tecnologías”. En el mundo virtual aparece así, una forma distinta de “pegarle” a uno entre varios: mediante insultos en las redes, en el chat, por mensajes de texto o subiendo videos a YouTube en donde los humillan.
La pediatra Flavia Sinigagliesi, experta en este acoso llamado “ciberbullying”, lo describe: “El ciber hostigamiento no es un hecho aislado sino que se sostiene en el tiempo: el hostigador lo espera en la esquina, pone cosas falsas en Facebook, lo vuelve loco por mensajes. Además del chico hostigado siempre hay un líder que busca el reconocimiento del resto y los secuaces que lo apoyan o son testigos”. Cuando dice “chicos” se refiere a que el pico de los casos de hostigamiento aparece entre los 10 y los 14 años. Es más: según una encuesta del Observatorio de la Convivencia escolar de la UCA entre 6.000 alumnos, 1 cada 4, de entre 10 y 18 años, le tiene miedo a algún compañero.
El avance de las nuevas tecnologías le abrió las puertas a lo que se conoce como happy slapping o ‘cachetada feliz’, en donde un grupo le da una paliza a uno solo, lo graba con el celular y lo cuelga en la Web como un video divertido”, cuenta Castro Santander. Y agrega: “En zonas menos favorecidas la violencia suele ser más directa y física; pero estas formas más desapercibidas son peligrosas porque cuesta que el adulto las vea”. La encuesta de la UCA mostró esta “invisibilidad”: casi 6 de cada 10 chicos hostigados se callan. “Este entramado de amenazas, abusos y acosos pueden convertirse en un infierno para la víctima”, dice.
Cuando se desmenuza este perfil de violencia sobresalen las mujeres y las bandas: “Que los varones se pegaran estaba bien visto, pero entre las chicas era más común el ninguneo, el chismorreo o dejar de lado a la otra; sin embargo, hoy vemos más violencia física entre ellas”, asegura Sinigagliesi. Pilar Vendrell, integrante de “Profesionales latinoamericanos contra el abuso de poder”, dice sobre las “bandas”: “Salen a atacar juntos porque solos son muy frágiles. El otro no es un enemigo sino un molesto espejo; probablemente vean en el otro su propia vulnerabilidad aunque usen excusas, como que la atacan ‘por linda’”.
¿Qué hay detrás? “La falta de perspectivas laborales y académicas, la ausencia de proyectos, una perversa estimulación de los medios que los empujan a la ilusión de la satisfacción inmediata y una familia negligente para orientarlos hacen un caldo de cultivo propicio para el desarrollo de hechos de violencia inéditos”, dice Fernando Osorio, moderador del foro “Violencia en las escuelas” de la UBA. Dice Vendrell: “Lo que hay detrás son las patologías del vacío. El vacío de límites y el refuerzo de los valores del tener: se es porque se tiene, incluso cuando lo que se tiene es la vida del otro”.
Fuente:http://www.clarin.com/sociedad/tendencias/Elegir-atacarlo-nueva-forma-pelear_0_275372513.html
PorGisele Sousa Dias
El caso de la “bandita” de adolescentes que mató a piñas y a patadas a un joven en Mercedes, el de la nena de 10 años de Capital a quien le crearon un grupo en Facebook para calificarla de “estúpida” y “malparida”, y el caso de la modelo tucumana que fue atacada por seis chicas a la salida de un boliche, podrían parecer inconexos. Sin embargo, quienes estudian las entrañas de la violencia saben que sus características configuran un perfil que dejó de ser una excepción: líderes que “marcan” a uno –con nombre y apellido o por “villero” o “por linda”–, que será atacado física o virtualmente entre varios; hostigamiento mediante redes sociales y más participación de mujeres y de chicos de primaria.
“Ha habido un gran incremento de formas de violencia que no conocíamos. Antes, las disputas se resolvían ‘uno a uno’ o mi grupo contra tu grupo. Hace tres o cuatro décadas, si varios le pegaban a uno era visto como un acto de tremenda cobardía; incluso pegar patadas, usar palos, cinturones o armas era entendido como una falta de códigos. Hoy, para pelear contra uno me llevo a mi tribu; y las peleas no se producen, como antes, por la conquista de una chica: el ataque es un fin en sí mismo”, describe Héctor Eyzaguirre, vicepresidente del Observatorio Latinoamericano de la Violencia Escolar.
Alejandro Castro Santander, miembro del Observatorio Internacional de Violencia Escolar, con sede en Francia, explica: “La violencia toma del momento lo que tiene a disposición; en este caso está usando con fuerza las nuevas tecnologías”. En el mundo virtual aparece así, una forma distinta de “pegarle” a uno entre varios: mediante insultos en las redes, en el chat, por mensajes de texto o subiendo videos a YouTube en donde los humillan.
La pediatra Flavia Sinigagliesi, experta en este acoso llamado “ciberbullying”, lo describe: “El ciber hostigamiento no es un hecho aislado sino que se sostiene en el tiempo: el hostigador lo espera en la esquina, pone cosas falsas en Facebook, lo vuelve loco por mensajes. Además del chico hostigado siempre hay un líder que busca el reconocimiento del resto y los secuaces que lo apoyan o son testigos”. Cuando dice “chicos” se refiere a que el pico de los casos de hostigamiento aparece entre los 10 y los 14 años. Es más: según una encuesta del Observatorio de la Convivencia escolar de la UCA entre 6.000 alumnos, 1 cada 4, de entre 10 y 18 años, le tiene miedo a algún compañero.
El avance de las nuevas tecnologías le abrió las puertas a lo que se conoce como happy slapping o ‘cachetada feliz’, en donde un grupo le da una paliza a uno solo, lo graba con el celular y lo cuelga en la Web como un video divertido”, cuenta Castro Santander. Y agrega: “En zonas menos favorecidas la violencia suele ser más directa y física; pero estas formas más desapercibidas son peligrosas porque cuesta que el adulto las vea”. La encuesta de la UCA mostró esta “invisibilidad”: casi 6 de cada 10 chicos hostigados se callan. “Este entramado de amenazas, abusos y acosos pueden convertirse en un infierno para la víctima”, dice.
Cuando se desmenuza este perfil de violencia sobresalen las mujeres y las bandas: “Que los varones se pegaran estaba bien visto, pero entre las chicas era más común el ninguneo, el chismorreo o dejar de lado a la otra; sin embargo, hoy vemos más violencia física entre ellas”, asegura Sinigagliesi. Pilar Vendrell, integrante de “Profesionales latinoamericanos contra el abuso de poder”, dice sobre las “bandas”: “Salen a atacar juntos porque solos son muy frágiles. El otro no es un enemigo sino un molesto espejo; probablemente vean en el otro su propia vulnerabilidad aunque usen excusas, como que la atacan ‘por linda’”.
¿Qué hay detrás? “La falta de perspectivas laborales y académicas, la ausencia de proyectos, una perversa estimulación de los medios que los empujan a la ilusión de la satisfacción inmediata y una familia negligente para orientarlos hacen un caldo de cultivo propicio para el desarrollo de hechos de violencia inéditos”, dice Fernando Osorio, moderador del foro “Violencia en las escuelas” de la UBA. Dice Vendrell: “Lo que hay detrás son las patologías del vacío. El vacío de límites y el refuerzo de los valores del tener: se es porque se tiene, incluso cuando lo que se tiene es la vida del otro”.
Fuente:http://www.clarin.com/sociedad/tendencias/Elegir-atacarlo-nueva-forma-pelear_0_275372513.html
viernes, 4 de junio de 2010
Adolescentes: la lucha por la identidad es hoy más ardua
Los adolescentes, lejanos del adulto y expulsados de la niñez, se recuestan en grupos de pares, la red inmediata de amigos con la que comparten largas horas. Se mueven "en manadas", salen juntos, se citan en el espacio virtual y se expresan a través de distintos gustos por la música, por un tipo de ropa, por un ámbito de encuentro, por una elección para el tiempo libre. En esas afirmaciones son frecuentes las diferencias con los otros, situación que puede conducir a disputas con otros grupos y en extremo a peleas violentas.
La adolescencia es la edad de la "lucha por el reconocimiento". En ella se manifiesta la rebeldía y el desafío hacia las generaciones mayores, buscando atención, planteando diferencias, testeando límites. En suma, procurando una legítima visibilidad frente a ese otro generacional en el que reposa la autoridad, base sobre la que posteriormente proyectan su identidad como adultos.
Las manifestaciones de las culturas juveniles actuales responden a estos interrogantes propios de la edad con la impronta de una época altamente tecnologizada en sus comunicaciones y un estado de las relaciones intergeneracionales atravesado por el acercamiento y la horizontalidad.
De acuerdo con lo primero, las llamadas tecnologías de la información y la comunicación adquieren un especial relieve entre las generaciones jóvenes, proclives a asumir en primera persona —hágalo usted mismo— y como si fueran parte de su naturaleza inmediata —positivamente y sin mayores reparos— las herramientas que provee este universo en constante expansión. No se trata sólo de aparatos electrónicos: el software en sus plásticas aplicaciones tiene entre los adolescentes a sus principales demandantes, testeadores y usuarios privilegiados. El correo electrónico, el infinito flujo de SMS, los blogs y sus derivados, los fotologs y los videologs tienen como sostenedores a las jóvenes generaciones.
De acuerdo con el segundo punto, las diversas generaciones en términos históricos están más "cerca" que nunca. Esto significa que a diferencia de otros momentos, padres e hijos tienden a compartir una cultura relativamente "común" e indistinta.
Con sólo pensar en las fechas de nacimiento de los menores de 25 alcanza para postular padres que fueron jóvenes o que vivieron su adolescencia con posterioridad a la consolidación de las llamadas "culturas juveniles". Los padres de los adolescentes actuales forjaron su estilo adulto en culturas que les permitieron una adolescencia típicamente juvenilizada, algo que les fue vedado a las generaciones previas, socializadas en culturas tradicionales. Así, los adolescentes actuales deben gestar su oposición generacional frente a padres juvenilizados, menos tradicionales y formales, más descontracturados y liberales, y hasta protagonistas de la rebelión generacional de los sesenta y los setenta. Es decir que son hijos de personas fogueadas por el espíritu juvenil.
En este punto entonces es donde hay que plantear las diferencias. Los jóvenes actuales tienen un espacio de transgresiones que se ha reducido. Ya no está en el sexo, ya no está en la "música joven", y si está, no está más en el rock y sus variantes, ya no está siquiera en las drogas. La transgresión está en la radicalización del estilo, lo que lleva a la proliferación de formas musicales, indumentarias, estéticas y de presentación de sí ante los otros que busquen romper la aceptación adulta: esto hace que ciertas expresiones de las culturas juveniles sean cada vez más encriptadas, secretas y retraídas, pero al mismo tiempo extremas y vociferantes, depresivas en algunos casos, desesperadas en otros, pero siempre desafiantes y amplificadas en su voz.
Esa llamada de atención se radicaliza en la ropa —llamativa, provocadora y hasta blasfema—, en los gestos —amenazantes, oscuros, demonizados— y en las prácticas extremas —como la autoflagelación y los cortes. Los emos son parte de esta encrucijada tan especial de las culturas juveniles contemporáneas.
Los floggers son adolescentes menos estilizados —en el sentido de buscar diferenciarse de lo masivo por la ropa, la música o el look— aunque a tono con la época por los medios que emplean: buscan lo mismo que los adolescentes de otras épocas, aunque con las herramientas que les ofrecen las nuevas tecnologías. Apoyo de sus pares, inclusión en redes de amigos, posibilidad de alternar y flirtear con otros adolescentes son algunas de las finalidades que llevan a utilizar los blogs y los fotologs, un medio barato y masivo para darse a conocer y multiplicar posibilidades de encuentro real, para complementarlo luego con el chateo por mensajería inmediata o por intercambio de SMS, algo que antes se hacía en interminables charlas telefónicas.
El objetivo es construir grupos, fortalecer redes de inclusión, lograr los beneficios que promete el amor en un momento en el que las comunicaciones interpersonales se encuentran definitivamente atravesadas por las nuevas tecnologías.
Hoy se hace a través de veloces textos entrecortados, de imágenes publicadas por su mismo protagonista o de opciones estilísticas radicales y espectaculares, pero la canción sigue siendo la misma: es la lucha por el reconocimiento de los adultos, la amistad de los pares y el amor de los amados.
Por: Marcelo Urresti, Clarin.com
Fuente: SOCIOLOGO, DOCENTE UBA E INVESTIGADOR DEL INSTITUTO GINO GERMANI
La adolescencia es la edad de la "lucha por el reconocimiento". En ella se manifiesta la rebeldía y el desafío hacia las generaciones mayores, buscando atención, planteando diferencias, testeando límites. En suma, procurando una legítima visibilidad frente a ese otro generacional en el que reposa la autoridad, base sobre la que posteriormente proyectan su identidad como adultos.
Las manifestaciones de las culturas juveniles actuales responden a estos interrogantes propios de la edad con la impronta de una época altamente tecnologizada en sus comunicaciones y un estado de las relaciones intergeneracionales atravesado por el acercamiento y la horizontalidad.
De acuerdo con lo primero, las llamadas tecnologías de la información y la comunicación adquieren un especial relieve entre las generaciones jóvenes, proclives a asumir en primera persona —hágalo usted mismo— y como si fueran parte de su naturaleza inmediata —positivamente y sin mayores reparos— las herramientas que provee este universo en constante expansión. No se trata sólo de aparatos electrónicos: el software en sus plásticas aplicaciones tiene entre los adolescentes a sus principales demandantes, testeadores y usuarios privilegiados. El correo electrónico, el infinito flujo de SMS, los blogs y sus derivados, los fotologs y los videologs tienen como sostenedores a las jóvenes generaciones.
De acuerdo con el segundo punto, las diversas generaciones en términos históricos están más "cerca" que nunca. Esto significa que a diferencia de otros momentos, padres e hijos tienden a compartir una cultura relativamente "común" e indistinta.
Con sólo pensar en las fechas de nacimiento de los menores de 25 alcanza para postular padres que fueron jóvenes o que vivieron su adolescencia con posterioridad a la consolidación de las llamadas "culturas juveniles". Los padres de los adolescentes actuales forjaron su estilo adulto en culturas que les permitieron una adolescencia típicamente juvenilizada, algo que les fue vedado a las generaciones previas, socializadas en culturas tradicionales. Así, los adolescentes actuales deben gestar su oposición generacional frente a padres juvenilizados, menos tradicionales y formales, más descontracturados y liberales, y hasta protagonistas de la rebelión generacional de los sesenta y los setenta. Es decir que son hijos de personas fogueadas por el espíritu juvenil.
En este punto entonces es donde hay que plantear las diferencias. Los jóvenes actuales tienen un espacio de transgresiones que se ha reducido. Ya no está en el sexo, ya no está en la "música joven", y si está, no está más en el rock y sus variantes, ya no está siquiera en las drogas. La transgresión está en la radicalización del estilo, lo que lleva a la proliferación de formas musicales, indumentarias, estéticas y de presentación de sí ante los otros que busquen romper la aceptación adulta: esto hace que ciertas expresiones de las culturas juveniles sean cada vez más encriptadas, secretas y retraídas, pero al mismo tiempo extremas y vociferantes, depresivas en algunos casos, desesperadas en otros, pero siempre desafiantes y amplificadas en su voz.
Esa llamada de atención se radicaliza en la ropa —llamativa, provocadora y hasta blasfema—, en los gestos —amenazantes, oscuros, demonizados— y en las prácticas extremas —como la autoflagelación y los cortes. Los emos son parte de esta encrucijada tan especial de las culturas juveniles contemporáneas.
Los floggers son adolescentes menos estilizados —en el sentido de buscar diferenciarse de lo masivo por la ropa, la música o el look— aunque a tono con la época por los medios que emplean: buscan lo mismo que los adolescentes de otras épocas, aunque con las herramientas que les ofrecen las nuevas tecnologías. Apoyo de sus pares, inclusión en redes de amigos, posibilidad de alternar y flirtear con otros adolescentes son algunas de las finalidades que llevan a utilizar los blogs y los fotologs, un medio barato y masivo para darse a conocer y multiplicar posibilidades de encuentro real, para complementarlo luego con el chateo por mensajería inmediata o por intercambio de SMS, algo que antes se hacía en interminables charlas telefónicas.
El objetivo es construir grupos, fortalecer redes de inclusión, lograr los beneficios que promete el amor en un momento en el que las comunicaciones interpersonales se encuentran definitivamente atravesadas por las nuevas tecnologías.
Hoy se hace a través de veloces textos entrecortados, de imágenes publicadas por su mismo protagonista o de opciones estilísticas radicales y espectaculares, pero la canción sigue siendo la misma: es la lucha por el reconocimiento de los adultos, la amistad de los pares y el amor de los amados.
Por: Marcelo Urresti, Clarin.com
Fuente: SOCIOLOGO, DOCENTE UBA E INVESTIGADOR DEL INSTITUTO GINO GERMANI
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