lunes, 27 de diciembre de 2010

Cae fuerte el uso del mail entre los adolescentes

Ver todavía películas en una videograbadora y sacar fotos con rollo son señales de ser un anticuado. A esta lista se podría agregar el uso del e-mail.

Los adolescentes, en cambio, prefieren los chats online y los mensajes de texto, que están en auge desde hace años pero ahora amenazan con eclipsar al mail, de la misma forma como ya reemplazaron a las llamadas telefónicas.

En opinión de los adolescentes, el problema con los mails es que suponen un aburrido y largo proceso en el que hay que registrarse, escribir una línea en el “asunto” y enviar luego un mensaje que no será recibido o respondido tal vez durante horas.

Los números son fiel reflejo de esta tendencia. La cantidad de visitantes –en Estados Unidos– de los sitios de mail más importantes como Yahoo! y Hotmail se encuentra en firme caída, según comScore. Este tipo de visitas tuvieron su pico en noviembre de 2009 y desde entonces cayeron un 6 por ciento. Las visitas de los adolescentes de entre 12 y 17 años disminuyeron cerca de un 18 por ciento .

Esta merma en el segmento de mails no refleja una caída en la comunicación digital. Es sólo que la gente se vuelca a los mensajes de texto, los mensajes instantáneos y Facebook (con 4.000 millones de mensajes al día).

Yahoo! ya agregó el chat y los mensajes de texto a su servicio de e-mail para reflejar estos nuevos hábitos, al igual que Gmail. En tanto, Facebook planea presentar un servicio de mensajes mejorado que se parece menos a un webmail y más a un SMS, y elimina el “asunto”.

Fuente: clarin.com

viernes, 10 de diciembre de 2010

Fóbicos a los exámenes: El pánico a rendir, un mal que crece y es más serio de lo que se cree

Las consultas suben en esta época del año. Provoca síntomas que pueden ser severos. Cómo superarlo.

Por Victoria De Masi


Por tercera vez, Leo Rodríguez dará el examen final de Análisis de Información de Sistemas. Sabe que si no saca arriba de ocho puntos, deberá recursar esa materia y que si no supera esa calificación, el título de Licenciado en Sistemas quedará más lejos, un cuatrimestre exacto. Hace una semana que Leo no duerme y está tenso. Hace diez minutos que este alumno de la Universidad de Buenos Aires mira la hoja y transpira. Tiene cólicos y un nudo en la garganta. Le falta el aire. Leo es uno de los tantos estudiantes fóbicos a los exámenes, jóvenes de entre 16 y 32 años que padecen el trastorno de ansiedad social de desempeño . Los especialistas consultados por Clarín aseguran que en esta época crecen un 10% las consultas.

Se da igual en hombres y en mujeres. En general, el pánico aparece cuando el examen es oral, pero no se descarta si es escrito. Lo sufren universitarios y también alumnos secundarios, y los síntomas físicos y emocionales son iguales en ambos grupos etarios. Pero existe un estilo de personalidad que tiene cierta predisposición a este tipo de fobia.

Explica el psicólogo Gustavo Bustamente, director general de la Fundación Fobia Club: “Se trata de sujetos perfeccionistas, con altos niveles de autoexigencia, casi sin habilidades sociales para mostrarle al otro, en este caso el profesor, que ellos saben o conocen. Y es habitual que siempre se anticipen negativamente al resultado”. En esta época del año la mayoría de los estudiantes debe preparar materias –los exámenes en los secundarios porteños empiezan la semana próxima– y el Fobia Club registra un aumento de las consultas del 10%.

Según estadísticas oficiales, el 14% de los argentinos sufre algún tipo de fobia social. “La prevalencia del miedo a los exámenes entre los universitarios es del 8%.

Entre los alumnos secundarios y terciarios, del 15% ”, indica Enzo Cascardo, presidente de la Asociación Argentina de Trastorno de Ansiedad y director del Centro de Investigaciones Médicas de la Ansiedad. El caso del alumnado de la Universidad Nacional de Córdoba viene bien para ilustrar esta problemática. Durante el año pasado, hicieron un relevamiento que determinó la necesidad de contratar psicólogos y abrir talleres y programas de contención para los estudiantes . “Es que uno de cada 10 alumnos tiene niveles de ansiedad potencialmente problemáticos con respecto a los exámenes”, dijo a Clarín el psicólogo y docente Luis Furlán, quien dirige el Equipo de Ansiedad en los Exámenes, una prueba piloto lanzada por la UNC para tratar esta problemática.

Para los estudiantes la situación es angustiante: el miedo se presenta antes, durante y después de la prueba. “Primero aparecen las palpitaciones, la diarrea y el insomnio, por ejemplo”, avisa Bustamante. “Y mientras da el examen, son frecuentes las ‘lagunas mentales’, el sudor y el tartamudeo. Sobre todo si está cara a cara con el docente porque está pendiente de los gestos del profesor y preocupado por que no se de cuenta de que está nervioso”, agrega el psicólogo Guillermo Del Valle, coordinador de la Red de Ansiedad. Y no termina ahí. “El post examen consiste en una revaluación del episodio angustiante. El alumno se pregunta si lo hizo mal o se lamenta porque podría haberlo hecho mejor”, apunta Cascardo.

El miedo al examen no es una novedad, pero hoy hay más información y el diagnóstico es más fino. Y también es considerable la realidad de los estudiantes: estresante y con altos niveles de competitividad . “La presión es cada vez más fuerte. Tiene que ver con que agregan más contenidos, con el logro que uno mismo se impone, con la competitividad: saber algo más para superar al que tengo al lado”, explica Ana Rozenbaum, psicóloga especialista en niños y adolescentes, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

La buena noticia es que esta fobia es tratable. “Con terapia y en algunos casos con medicación, es posible superarla. Pero es importante hacer un buen diagnóstico. Ocurre que sufrir miedo a la hora de ponerse a prueba puede ‘disfrazar’ otro tipo de trastorno”, cierra Cascardo.




Consejos


Llegar descansado. Dormir como mínimo ocho horas y ocupar la noche anterior en actividades para dispersarse.



Buscar la manera de relajarse. Los especialistas sugieren que se practique todo el año. Puede ser yoga o técnicas de respiración.



Evitar una actitud negativa. “Me va a ir mal” o “Estudié pero no me quedó nada” son premisas que sobreestiman la posibilidad de que salga mal.



No dejar todo para último momento. Encarar el examen como un proceso: todos los días, leer los apuntes para tener frescos los contenidos.



Darse tiempo para pensar. Si es un oral, detenerse en la pregunta antes de arrancar para organizar el discurso. Si es escrito, leer con detenimiento las preguntas y empezar por las que creemos más fáciles.



Se puede hacer un repaso a último momento. Después, hay que evitar el “pasilleo” con otros estudiantes: confunde y hace perder la confianza.

Fuente: Clarin.com, Disponible en http://www.clarin.com/sociedad/educacion/titulo_0_386961366.html