viernes, 4 de junio de 2010

Adolescentes: la lucha por la identidad es hoy más ardua

Los adolescentes, lejanos del adulto y expulsados de la niñez, se recuestan en grupos de pares, la red inmediata de amigos con la que comparten largas horas. Se mueven "en manadas", salen juntos, se citan en el espacio virtual y se expresan a través de distintos gustos por la música, por un tipo de ropa, por un ámbito de encuentro, por una elección para el tiempo libre. En esas afirmaciones son frecuentes las diferencias con los otros, situación que puede conducir a disputas con otros grupos y en extremo a peleas violentas.

La adolescencia es la edad de la "lucha por el reconocimiento". En ella se manifiesta la rebeldía y el desafío hacia las generaciones mayores, buscando atención, planteando diferencias, testeando límites. En suma, procurando una legítima visibilidad frente a ese otro generacional en el que reposa la autoridad, base sobre la que posteriormente proyectan su identidad como adultos.

Las manifestaciones de las culturas juveniles actuales responden a estos interrogantes propios de la edad con la impronta de una época altamente tecnologizada en sus comunicaciones y un estado de las relaciones intergeneracionales atravesado por el acercamiento y la horizontalidad.

De acuerdo con lo primero, las llamadas tecnologías de la información y la comunicación adquieren un especial relieve entre las generaciones jóvenes, proclives a asumir en primera persona —hágalo usted mismo— y como si fueran parte de su naturaleza inmediata —positivamente y sin mayores reparos— las herramientas que provee este universo en constante expansión. No se trata sólo de aparatos electrónicos: el software en sus plásticas aplicaciones tiene entre los adolescentes a sus principales demandantes, testeadores y usuarios privilegiados. El correo electrónico, el infinito flujo de SMS, los blogs y sus derivados, los fotologs y los videologs tienen como sostenedores a las jóvenes generaciones.

De acuerdo con el segundo punto, las diversas generaciones en términos históricos están más "cerca" que nunca. Esto significa que a diferencia de otros momentos, padres e hijos tienden a compartir una cultura relativamente "común" e indistinta.

Con sólo pensar en las fechas de nacimiento de los menores de 25 alcanza para postular padres que fueron jóvenes o que vivieron su adolescencia con posterioridad a la consolidación de las llamadas "culturas juveniles". Los padres de los adolescentes actuales forjaron su estilo adulto en culturas que les permitieron una adolescencia típicamente juvenilizada, algo que les fue vedado a las generaciones previas, socializadas en culturas tradicionales. Así, los adolescentes actuales deben gestar su oposición generacional frente a padres juvenilizados, menos tradicionales y formales, más descontracturados y liberales, y hasta protagonistas de la rebelión generacional de los sesenta y los setenta. Es decir que son hijos de personas fogueadas por el espíritu juvenil.

En este punto entonces es donde hay que plantear las diferencias. Los jóvenes actuales tienen un espacio de transgresiones que se ha reducido. Ya no está en el sexo, ya no está en la "música joven", y si está, no está más en el rock y sus variantes, ya no está siquiera en las drogas. La transgresión está en la radicalización del estilo, lo que lleva a la proliferación de formas musicales, indumentarias, estéticas y de presentación de sí ante los otros que busquen romper la aceptación adulta: esto hace que ciertas expresiones de las culturas juveniles sean cada vez más encriptadas, secretas y retraídas, pero al mismo tiempo extremas y vociferantes, depresivas en algunos casos, desesperadas en otros, pero siempre desafiantes y amplificadas en su voz.

Esa llamada de atención se radicaliza en la ropa —llamativa, provocadora y hasta blasfema—, en los gestos —amenazantes, oscuros, demonizados— y en las prácticas extremas —como la autoflagelación y los cortes. Los emos son parte de esta encrucijada tan especial de las culturas juveniles contemporáneas.

Los floggers son adolescentes menos estilizados —en el sentido de buscar diferenciarse de lo masivo por la ropa, la música o el look— aunque a tono con la época por los medios que emplean: buscan lo mismo que los adolescentes de otras épocas, aunque con las herramientas que les ofrecen las nuevas tecnologías. Apoyo de sus pares, inclusión en redes de amigos, posibilidad de alternar y flirtear con otros adolescentes son algunas de las finalidades que llevan a utilizar los blogs y los fotologs, un medio barato y masivo para darse a conocer y multiplicar posibilidades de encuentro real, para complementarlo luego con el chateo por mensajería inmediata o por intercambio de SMS, algo que antes se hacía en interminables charlas telefónicas.

El objetivo es construir grupos, fortalecer redes de inclusión, lograr los beneficios que promete el amor en un momento en el que las comunicaciones interpersonales se encuentran definitivamente atravesadas por las nuevas tecnologías.

Hoy se hace a través de veloces textos entrecortados, de imágenes publicadas por su mismo protagonista o de opciones estilísticas radicales y espectaculares, pero la canción sigue siendo la misma: es la lucha por el reconocimiento de los adultos, la amistad de los pares y el amor de los amados.


Por: Marcelo Urresti, Clarin.com
Fuente: SOCIOLOGO, DOCENTE UBA E INVESTIGADOR DEL INSTITUTO GINO GERMANI

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